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HOY

Hoy es un día extraño, y los días extraños me desconciertan y me hacen perder un poco el rumbo. Llevo toda la semana queriendo compartir aquí un montón de sensaciones, y no he sido capaz de sentarme a escribirlas, porque siempre encontraba algo que hacer, alguna excusa para evitar el momento. Sabía que si lo hacía tendría que pensar en ello, y eso, aunque me cueste reconocerlo porque implica una especie de renuncia y de confesión de falta de fortaleza, me hacía huir, y sentía miedo. Era uno de estos miedos ilógicos que cuando se ven a lo lejos, una vez pasado el margen de tiempo adecuado, son tan solo una nubecilla de paso, oscura pero inocua, sin signos de avanzadilla de tormenta; más bien una rebelde sin causa. Pero mientras la tienes encima te da la sensación de que es enorme, negra, cargada de desastrosos augurios. Y no es eso lo peor, sino que la poca lluvia que deja, es, en ese momento, corrosiva y destructiva, cuando lo único que pretendía era refrescarte un poco. Nos quedamos ciegos, y sólo vemos lo que imaginamos.

Pero no hay que preocuparse. Ahora el cielo está despejado, y por mi ventana entra mucha luz. Luz blanca que me inunda. Así que ya es tarde para hablar de todo eso. Hoy me he levantado mal, luego estaba bien, luego mal otra vez, y así hasta que he dejado atrás la ansiedad y la tristeza, hasta que he abierto la ventana. Por eso es un día extraño, porque es de cambio, de transición, y todas las transiciones son raras, especiales, y en mi caso incluso insólitas, todas diferentes y con elementos distintivos y únicos.

Sin embargo, incluso en estos episodios, que (menos mal), soy capaz de disimular al resto de los mortales, tengo capacidad de evasión, porque puedo abandonarme y escapar mentalmente. Desaparezco y me zambullo de cabeza en mi realidad, en la mía, en la que sólo a mí me pertenece, y en la que puedo encontrar a Dimlia y a los demás. ¿Os he hablado de Dimlia?. No, aún no. Sólo os he contado que la conocí el verano de la tormenta, mientras me sentaba a esperar que mis cuidados consiguiesen revivir algo del verde de mi quemado pedacito de bosque. Siempre aparece cuando la necesito, sin necesidad de llamarla. Viene y me escucha, y lloramos juntas hasta que la pena se disipa y terminamos bailando abrazadas en una frenética danza para conjurar lo negativo y lo que me contamina. Dimlia es un espíritu, aunque yo siempre la llamo “mi hada”. Es un espíritu libre, que toma forma semi-humana cuando habla conmigo. Es el espíritu de mi pedacito de bosque.

Es un día demasiado extraño para seguir escribiendo. Lo siento.

Besos.

Por Pumpy - 16 de Septiembre, 2005, 14:00, Categoría: General
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